A lo largo de los siglos, el español evolucionó y surgieron varias revisiones (como las de 1865 y 1909). Sin embargo, a mediados del siglo XX, la reconoció la necesidad de actualizar el lenguaje para que resonara mejor con los lectores contemporáneos.
Se basa en el Textus Receptus para el Nuevo Testamento y el Texto Masorético para el Antiguo Testamento, lo que garantiza una alineación estrecha con los manuscritos tradicionales. A lo largo de los siglos, el español